lunes, 22 de septiembre de 2014

Haga honor a su Título, Señor Presidente



Por Denis María Reyes
 
La tierra se sacude y su gente está nerviosa, pero no tanto por eso, sino por el lamentable proceder de los hombres, que potencian, cada vez más, el peligro para la existencia planetaria; porque, si bien es cierto que la naturaleza y la vida se deterioran con el pasar del tiempo, también lo es, que actuar frente a ella cruel e irresponsablemente, acarrea males mayores.
 
Muchos personajes de hoy… no parece que… –aclaro- sino, han perdido la razón. Es que su comportamiento resulta cavernícola, pues no es extraño oír hablar de la masacre de toda una ciudad o país para “acabar” con el terrorismo; hechos protagonizados por prepotentes e injerencistas naciones que, desde las alturas, llenan de metralla todo lo que esté a su alcance.

El “Premio Nobel de la Guerra”, como llamara un colega a Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, tiene una controvertida personalidad: o promete y no cumple, o hace exactamente lo contrario de lo que dice ¿Tendrá eso que ver con su errante infancia por países foráneos, debido a la separación de sus padres? 

¿A caso la experiencia no le sirvió para aquilatar el infortunio de los emigrantes, condenados a un status social diferente al suyo, a la separación de sus familiares y del terruño que los vio nacer? Cómo es que esta amarga vivencia, en lugar de volverlo un ser más perceptivo, lo transformó en el peor enemigo de quienes igual, aunque por causas diferentes, han corrido su misma suerte.

No caben dudas de que este mandatario estadounidense será recordado por la historia ¡Cómo se podría borrar de la memoria un rostro flemático, inconmovible, a un Presidente que se ha destacado durante su mandato, especialmente, por su eminente carácter guerrerista, despiadado e injerencista! De la misma manera, tampoco se podrá olvidara a los gobernantes europeos que le han seguido en sus crueles ataques contra los pueblos del Medio Oriente, donde, como éste, han intervenido so pretexto de “aplacar revueltas” ¡Vaya usted a saber! si amasadas por las propias manos, supuestamente, pacificadoras.

No se consigue la paz imponiendo la fuerza, a bombazos, sometiendo a los más débiles. Ni anulando todo lo que existe sobre la tierra ¿Quién dijo que es de benévolos matar a los seres humanos como meros bichos dañinos?  

Tampoco se alcanza la paz cuando hay hambre. Según la (FAO) Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más de 800 millones de personas –amen de la disminución actual- padecen hambre en nuestro mundo; igual, no permiten pensar con quietud otras carencias que restringen la vida, ni la desigualdad social, el desamparo a los necesitados, los abusos raciales y las injusticias contra la mujer y la niñez. 

Lograr la erradicación de estas diferencias si ha de estar en el memorándum de un Premio Nobel de la Paz; así como luchar contra el terrorismo, pero legítimamente, pues por el contrario, con su política equivocada, más que abolirlo, está promoviendo, incluso, el terrorismo de Estado.  

El compromiso de un PREMIO NOBEL DE LA PAZ  es combatir los flagelos que destruyen a los seres humanos, su hábitat y su morada, a no ser, que los conceptos que definen el Nobel, hayan cambiado.

Haga honor a su Título, señor presidente; y piense que una III Guerra Mundial en estos tiempos sería un holocausto sin parangón en la historia de la humanidad.

22/9/14
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