jueves, 20 de diciembre de 2012

Lo que más necesitamos está en la Tierra



El planeta Tierra es nuestra única casa y por lo tanto debemos cuidarlo. Foto: ArchivoDesde que aprendí que nuestro planeta Tierra no es único, que está suspendido en el universo como otro astro cualquiera; que la noche y el día se deben a su posición con respecto al Sol; y supe cual era el origen de los relámpagos, del trueno, del viento, de la lluvia y de otros tantos enigmáticos sucesos naturales, dejé de creer que la Tierra y la vida existen por excepción.

Único, podría decirse, hasta lo que sabemos hoy, pero si nos atenemos a que existen unos 100 mil millones de galaxias o varios billones de éstas -según cálculos de diferentes expertos- no me resulta extraño que se encontrase vida en alguno de esos desconocidos mundos, porque cualquiera de los soles perdidos en el infinito, podrían proporcionar en un astro X características semejantes a las del nuestro.

Lo que nadie debería dudar es que esta extraordinaria naturaleza aún no le conocemos semejante. Está entre las 200 o 400 millones de estrellas de La Vía Láctea, galaxia que nos privilegió con un Sol situado a la distancia exacta para que floreciera la vida.

Gracias a la rotación cada 24 horas sobre su imaginario eje, durante la claridad del día disfrutamos de cuánto nos rodea; y en las noches, tras el necesario laboreo diurno, el deleite está en el maravillosos espectáculo que nos muestra el centelleo de las millones de constelaciones que pueblan el Universo.

Sucede así y no es milagroso, como tampoco lo sería que en alguno de esos luminosos astros aparecieran vestigios de vida no inteligente, o sí; y hasta con ciertas semejanzas a los humanos de aquí, pues ¿acaso sería una rareza que haya muchos planetas con condiciones similares al nuestro? Evidentemente no.

En este siglo XXI todavía todo no está al alcance de los hombres, pero hoy, poco es incomprensible para él gracias a los adelantos de las ciencias; sin embargo, no todo lo controla, ni creo que haya generación que logre el dominio absoluto de lo que poseemos en la Tierra.

Lo sabemos, pero pese a eso los humanos no se detendrán, pues su erudición está en el examen de cuánto les concierne -y el universo no le es ajeno- mas aunque concuerdo con su conducta opino que primero hay que satisfacer las necesidades perentorias en este Predio, antes que dilapidar tantos millones en algo que tal vez será útil en un lejano futuro.

¿Si hubo vida en cualquiera de esos mundos y ya no, podríamos restituírsela? ¿No será que estaremos buscando desesperadamente un sitio dónde hospedarnos cuando finiquitemos nuestra Tierra?

¿Acaso existe la posibilidad real de conseguir una vida plena; y sin embarazosas indumentarias dentro de una naturaleza diferente a la nuestra? Quizá, pero eso está por ver y ¡tan distante! Mi intuición me dice que no, por eso concluyo con una nueva interrogante ¿El empeño es por la vida o para vivir de estos mundos que suponemos plagados de riquezas, hasta ahora, sin dueños?

Es que se gastan millones de dólares en proyectos con reducidos resultados para la mayoría, en tanto en la Tierra, por la carencia de éstos, fenecen un sin número de seres humanos y este planeta sufre las consecuencias del indolente manejo de los recursos financieros ‘dormidos’ en manos de unos pocos ricos.

Si al menos las conquistas sirviesen para mejor biológicamente la especie, valdría la pena, pero los peores depredadores de la Tierra no buscan más que dominio y poder. Y por demás, una buena parte de estos conquistadores, son los mismos que, por otro lado, destruyen su propio Mundo ¿Así las cosas, podríamos confiar en su samaritana intención?

Incluso ya se comenta que con esas conquistas –y coincido- los males de la humanidad serían peores porque en lugar de aliviar las miserias que hoy la destruyen, el empeño serviría para entronizar a los protagonistas del caos actual.

Para vivir mejor en nuestra Tierra no hacen faltas ni oro ni diamantes, ni más metales de los que existen aquí. Requerimos de una gran equidad social –eso sí- que no está más allá de nuestros confines, sino en la conciencia humana.

Recientemente, en Doha, Qatar, estuvo en las manos de los políticos, especialmente de las naciones más poderosas, la posibilidad de coadyuvar con la prolongación de la vida y del planeta. Allí debía signarse la continuidad del Protocolo de Kioto; y se hizo, pero aunque se logró –y eso es algo- la victoria fue relativa, porque el compromiso no expiró, mas poderosos países, como Rusia, Canadá, Nueva Zelanda y Japón se retiraron de éste, uniéndose así a EE.UU. que ni antes ni ahora firmó el compromiso.

Y si seguimos profundizando en el tema, nos daríamos cuenta que aún queda mucho por hacer para lograr que el calentamiento global no sobrepase los 2 grados Celsius. En ello tienen un rol importante tanto políticos, como financieros, gobiernos y toda la sociedad en su conjunto.

Por eso, puesto que el calentamiento global sofocará a todos –evidentemente primero a los desposeídos- todos hemos de acoger como nuestra la colosal batalla. Y eso hago con mi modesto enfoque.

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