lunes, 31 de marzo de 2014

El agua: El verdadero oro de la humanidad



Por Denis María Reyes

El agua siempre fue el oro de la humanidad, sólo ha cambiado que, es ahora cuando el hombre ¡tan inteligente, pero, a veces, tan torpe! comenzó a ver cuánto la ha ensuciado y mal gastado; es el temor a perderla lo que le ha alertado sobre el genuino valor de la misma; y en ese discurrir le ha dado por llamarla “el oro del futuro”, que más que del ulterior, yo diría, que ha sido, es y perpetuamente será el mayor tesoro de la vida terrestre.

Según razonamientos científicos (que no explicaré ahora, ya que mi objetivo es lograr comprensión sobre la trascendental participación del agua en todas las formas de vida) conocemos que sin el agua líquida no puede haber vida ¿Cómo podríamos negar entonces que la excelente combinación de H2O es la principal riqueza del hombre? No hay compuesto alguno que pueda reemplazar el agua, pues además es una mágica e insustituible solución utilizada por el hombre para casi todo lo que él hace.

¿O es que  acaso podríamos imaginarnos un mundo sin agua? Un simple razonamiento nos deja como conclusión que todo lo que nos rodea y concierne depende del agua. Tal vez impensadamente inferiríamos que se pueden consumir los alimentos crudos -por citar un ejemplo- pero, estos habrían crecido o germinado sin agua.

Sin metales preciosos como el Oro, elemento codiciado por todos, podemos vivir, porque su valía se lo ha otorgado el hombre; y nada más que proporciona riquezas materiales y placeres triviales (3 cuartas partes del oro mundial se utiliza en joyería); mas el agua, elemento esencial en la formación y sostén de la vida, ha sido, es, y será, el verdadero Oro mundial, si es que nos atenernos a uno de los vocablos mejor valuado por los hombres: oro

En tanto el agua calmará su sed, infundirá salud a su cuerpo, limpiará y refrescará su piel, el oro puede irritarla e incluso, provocar reacciones alérgicas en sus ojos. 

Tampoco los humanos han sabido situar en el justo lugar, otro elemento natural esencial para la existencia: el aire que respiramos, sin el cual, lo sabe, no se podría vivir.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2012 -por hacer referencia a un período- hubo 7 millones de muertes, como consecuencia de la contaminación ambiental en el exterior y en el interior de los hogares, deterioro que fue y es “caldo  de cultivo” para muchas de las enfermedades que aquejan hoy a la humanidad.

De la misma manera, con la profanación de los códigos ambientales se rompen la armonía natural entre la atmósfera, el viento, el Medio; en fin entre todo lo que, de una manera u otra, interviene en el equilibrio del universo, llevándolo así al caos -por suerte- aún por llegar, pero que ya está influyendo en el deterioro de la salud, especialmente del mundo pobre.

Suscribe la OMS –según anotan Agencias- que la contaminación del aire constituye uno de las mayores riesgos para la salud, situación potenciada además por el enlodamiento de las aguas, la deforestación, al calentamiento global, el Cambio Climático, el agujero de la capa de ozono y los restantes daños o elementos propiciadores de estos, que a diario atizan la hoguera en que un día podríamos arder junto a la naturaleza.

El agua no es el oro del futuro, el agua siempre ha sido y será el ORO de la humanidad, como también lo es, por qué no, la atmósfera, el aire que respiramos; en tanto, la floresta y todo lo que es fruto de su intervención en la vida terrestre, son complementos esenciales para la salud del hombre y del Planeta.

El agua, uno de los Derechos humanos elementales de los hombres, es un bien universal que pertenece a todos ¿No son esas suficientes razones para que de manera unitaria la cuidemos y defendamos como nuestro mayor tesoro?

Y si alguien no cree aún que el agua sea la verdadera riqueza del mundo que pruebe a vivir sin ella y luego, me cuente.

31/03/14
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