lunes, 1 de agosto de 2011

“Tengo fe en el mejoramiento humano”


Por Denis María Reyes

La familia empieza con la vida y no debiera terminar sino con la muerte, aunque a veces las circunstancias indican que es conveniente separarse pronto de los hijos, pues la crianza que los humanos les damos no les deja crecer y desarrollarse  plenamente.
Y es que mientras nuestra especie amamante y cría a los hijos hasta que por sí se alejan, los animales irracionales los inician en la vida indicándoles rápidamente como alimentarse y defenderse; y aún imberbes, los incitan al desprendimiento filial. Es cierto que algunos proceden como nosotros, tal vez porque su naturaleza es un tanto parecida a la nuestra.

Aunque, opino, los humanos magnificamos el amor, el cuidado y la formación de la familia porque sabemos que ella es “la célula fundamental de la sociedad”, la sucesora de cada núcleo, de la humanidad. Y es que conocemos que de la calidad de los individuos dependerá el futuro del mundo.

En ese cavilar discurro,  ¿Si por siempre ha sido así, qué está pasando con los hombres de hoy? Porque, aunque no podemos ser absolutos, sabemos de la deshumanización de algunas personas de estos tiempos… personas ¿serán? ¡Claro que no olvido a Adolf Hitler y a otras ‘yerbas’ de su calaña con su negro pasado! A la vez que avizoro el desastroso mundo que dejarán para los venideros los señores guerreros de estos tiempos.

No hay que ir a ninguna estadística para apreciar la barbarie de hoy, pero si existe alguna duda se podrá certificar lo dicho solamente con una ojeada a los diarios  del mundo. La fuerza se está imponiendo al razonamiento y apagando los vestigios de humanidad y civilización entre los seres inteligentes del  planeta.

Cuando los hijos crecen un tanto “torcidos” los padres suelen preguntarse cuál es la razón del fracaso ¿No cabría la misma pregunta con respecto a la gran familia humana?

Contrario a lo que dice el sentido común, y en grado preocupante, a pesar de los adelantos de las ciencias, de la instrucción y de la religiosidad de los hombres, éste –por suerte, no todos- por día, resta valores a su condición humana.

No obstante -como dijera José Martí, el Héroe Nacional de Cuba- “tengo fe en el mejoramiento humano…” y sigo soñando con el mundo que no sé si alguna vez existió… un mundo… ¡Qué sé yo…! Tal vez como –según los fieles creyentes- el Paraíso Terrenal: un mundo puro, pacífico, verde, de aguas cristalinas y limpias, aire sin contaminación; y con gentes sin maldad ni triviales codicias, como las que hoy están administrando los destinos de la humanidad.

31/8/11.
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