martes, 3 de mayo de 2011

El hombre: la anilla principal del enlace


Por Denis María Reyes

El suelo es algo más que la tierra que pisan las plantas y nosotros; pues es el asiento de la alimentación de todos los seres vivos, pero para que continúe siéndolo y asegurando la continuidad de la existencia, hay que ser prudentes.

El suelo es regulado por el clima puesto que éste determina la velocidad de su actividad biológica; pero a su vez, el clima -según el lugar geográfico en que se encuentre el primero- es moderado por éste; en tanto las plantas que crecen en la superficie, igualmente modifican al uno y al otro.

De esta manera, la vida de todos es una gran cadena, la cual estamos obligados a cuidar para que ninguno de sus eslabones se rompa, porque el mal puede ser –al menos para los humanos de hoy- irreversible.

Y es que, por citar un ejemplo, tres centímetros de algunas clases de suelos, aseveran acreditados investigadores, pueden ser destruidos en 10 años, en tanto requirieron para su formación, 10 mil.

Por eso -como en la actualidad se está haciendo en Cuba y en muchos otros países- hay que ocuparse del asunto para que la calidad de vida de hoy sea mantenida; y trabajar con una mentalidad futurista, aprovechando que este tesoro, el suelo, como la mayoría de los recursos naturales, es renovable.

Como sabemos, el suelo es un sistema en constante movimiento, con diversos procesos químicos, físicos y orgánicos, que, lógicamente, influyen positiva o negativamente, en el ciclo de la vida.

He ahí la valía de la conservación de los suelos, recurso natural compuesto por elementos finos, medianos y gruesos, que mezclados con los desechos orgánicos, los microorganismos y los de todo tipo de animal, le dan la textura y calidad, sin obviar el valor para su fertilidad de: la porosidad, el aire que les circula y la capacidad para retener el agua.

Por eso decía –y no lo descubrí yo- que el suelo necesita a las plantas y al clima; el clima a éstas y al suelo; ellas a los dos y el hombre a los tres.

Así que, no es muy difícil entender que los seres humanos son la anilla principal del enlace, pues pueden pensar, proceder y actuar para revertir los procesos nocivos a la continuidad de la vida en el único dominio estelar habitado hasta ahora.

Con esa certeza hay que trabajar para triunfar en la recuperación de la cubierta vegetal de los suelos; en la mejora de su pendiente, para evitar la erosión; en la potenciación de la fertilidad y para impedir la desertificación, entre otros males que nos inquietan en  nuestros días. Es preciso corregir los métodos de explotación de los recursos naturales si queremos prolongar la vida de los seres y de su colosal ‘casa’.

Pero sobre todas las cosas, antes de acometer una empresa pensarla bien, pues es mejor evitar la destrucción de lo que costó miles, millones de años formarse, que trabajar en una recuperación que tal vez nunca pueda ser completa.

Y, es que, como los hombres, la naturaleza tiene códigos que al ser quebrantados siempre algo se pierde. Espero que, por sus fisuras, tú no seas uno de sus eternos deudores.

02/05/11
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