lunes, 4 de abril de 2011

No Permitas Que Se Apague Su Alegría De Vivir

Por Denis Maria Reyes

La candidez y el alborozo infantil que vi me entristecieron; y es que tras las caritas risueñas de los críos, y en la distancia, advertía a los miles de niños y niñas que en el mundo yacían inertes por la xenofobia predominante en algunos de los hombres actuales.

José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, dijo una vez “los niños son la Esperanza del Mundo” mas por fines muy mal justificados, el hombre está  dañando esa simiente que ha de prolongar la existencia humana. 

Según el Fondo Mundial de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en sólo una década, entre fallecidos, discapacitados, heridos y desamparados, han sufrido las crueles consecuencias de las guerras al menos 20 millones de niños ¿A cuánto ascendería la cifra si sumamos nada más los de los últimos tiempos?

Pero si infortunio es el de los inocentes que se quedan apenas iniciado el camino, también lo es el de los sobrevivientes, condenados a la miseria, el hambre; a las desgracias que llegan con las penurias por la orfandad e innumerables aflicciones espirituales y sociales que les acompañarán por el resto de sus días, apagándoles la  alegría de vivir.

Al nacer, a los infantes –según la Convención de los Derechos del Niño- hay que garantizarles: “la supervivencia, el desarrollo pleno; la protección contra influencias peligrosas, los malos tratos y la explotación; y la plena participación en la vida familiar, cultural y social”.

Sin embargo, no son todos los pequeños que alcanzan ese status al que todos tienen derecho por igual. Muchos viven sin el confort que les toca y prepara para asumir su rol en la prolongación de la vida; sino, al contrario, son formados bajos principios que los animan a la maldad, una franca conspiración contra la paz y la armonía global.

 Resulta incomprensivo que algunos países esquiven la responsabilidad con sus propios, y el resto de los infantes del mundo, negándose o prolongando el acato del Pacto creados con la única finalidad de proteger a los más frágiles: 134 ratificaron la Convención, 24 aún no; y 35 lo estiman inaceptable.

Según un proverbio africano: “Vale, pero millones de veces más la vida de un solo ser humano que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra”; y la de un niño –digo- más que todos los tesoros del mundo.

Por eso ¡hombres! Permíteles crecer. Es justo que tu simiente se desarrolle y siga germinando para que la vida continúe su paseo por este excepcional paraíso terrenal. No dejes que tu ‘ceguera mental’ y la ‘sed imperial’ de hoy cercenen las alas de los futuros conductores de la humanidad: los niños y las niñas.

04/04/11
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