lunes, 18 de abril de 2011

Allí estaba la Tierra

Por Denis María Reyes

En contraposición al proceder de los animales que solamente toman del Medio lo que necesitan para la subsistencia, el hombre –también del reino, pero con raciocinio- en franco desafío; y con fines malsanos, no da tregua a la naturaleza.

Algunos teóricos opuestos al lógico razonamiento, de que irremediablemente todo lo que es mal cuidado enferma o fenece, les ha dado por explicar que la tierra nunca morirá, sino las especies actuales, a las que le sucederán otras, quizás, bien diferentes.

No por esas apreciaciones vamos a tirar todo por la borda. Es que no es justo que por el egoísmo y las ambiciones actuales la raza humana y el resto de las especies de ahora, desaparezcan.

Es cierto que la Tierra es la dueña de todo lo que hoy se enseñorea en ella. De ella surge la vida y en ella vuelve a desaparecer. Pero, algo que es vapuleado para uno y otro lado, llega el momento en que se estropea, y en el lance, muere.

Algunos sostienen que habrá especies que sobrevivirán o se adaptarán al intenso calor o las heladas descomunales ¿y los humanos qué?, los que no han podido adaptarse ni a lo uno ni a lo otro. Recordemos el refrán que sentencia que no intentemos “tapar el sol con un dedo”.

¿Será que la avalancha en favor del ecosistema asusta a los poderosos y a los ricos que no quieren perder ni un ápice de sus capitales?

Desde el 22 de abril del año 1970, promovida por el senador y ambientalista estadounidense Gaylord Nelson, se hizo la primera movilización por la preservación del planeta Tierra y sus habitantes. Miles de estudiantes y comunidades participaron en la manifestación que derivaría en la creación, en esa fecha, del Día Internacional de la Tierra.

Y aunque el Día de la Tierra ha de ser cada minuto de nuestra existencia, que éste, al menos sirva para que los humanos hagamos un stop ante cada actitud reprochable contra la Pacha Mama.

Hoy millones de personas accionan por la protección de –hasta lo que conocemos- el único Planeta habitado; entre ellas, ambientalistas, representantes de organizaciones y políticos, más no basta con eso, porque aún la lucha no es común y mucho menos global.

Por eso, mientras los grandes comprenden las urgencias de la Madre Tierra, hagamos lo nuestro. Porque -si existiesen- me empeño en que los extraterrestres no tengan que decir un día: allí estaba la Tierra. En sus inicios era de un verde intenso, aire puro y cristalinas aguas, pero… ¡Qué desperdicio! Los humanos no dejaron piedra sobre piedra.
18/04/11
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