jueves, 10 de febrero de 2011

El amor y la vida viajan en las flores

Por Denis María Reyes
Tan hermoso como el amor es la ingeniosidad de los enamorados para expresar ese sentimiento. Por eso desde la antigüedad crearon el lenguaje de las flores; y aunque ahora no hacen falta subterfugios para hablar de nuestras pasiones, aún hay románticos que quizás quieran impresionar a la dueña de sus noches de insomnios con una linda flor.

Los animales, al hacer la corte a la pareja escogida, aún sin el don de la razón, inventan lo inverosímil para conquistarla, cómo el hombre con la dádiva del entendimiento, no habría de diversificar sus maneras de las más disímiles formas.

Pero ¡cuidado! Por lo general existen coincidencias; mas, igualmente contradicciones que pueden expresar nuestros efectos al revés. Las galanterías mediante flores dependen de su color, categoría, formas o combinaciones de distintas especies y tonalidades.

Las flores amarillas, para muchos, simbolizan el desprecio, y así sucede con el crisantemo de ese color; sin embargo con una rosa áurea, cerrada, alguien le está diciendo que está alegre, que le agradece, que piense en él. Otros, por el contrario, con el mismo color, indican celos, envidia; mas,  si el obsequio es un tulipán de igual tono, abra bien sus ojos: el amor habrá tocado a su puerta desesperadamente.

¡Ah! Pero si se trata de una Hortensia, oféndase, porque esta simboliza la frialdad, como la Anémona indica que fue abandonada para siempre e igual mensaje viaja en una diminuta florerilla de albahaca.

Y a pesar de que el Loto crece en el barro -como ésta es perfecta e inmaculada-  para los hindúes simboliza realización espiritual y pureza; y lleva en sí las cuatro virtudes: fragancia, limpieza, ternura y suavidad, algo que, por su origen, pudiera parecernos contradictorio.

Si bien es cierto que el Oriente fue la cuna de los mensajes secretos a través de las flores, las íntimas confesiones con este apoyo han transitado por todas las épocas hasta nuestros días, convirtiéndose en una de las más emblemáticas formas de comunicación amorosa.

Por sus colores, las flores representan: las blancas, estabilidad, paz, tranquilidad, pureza, inocencia; las rosadas, bondad, ternura, nobleza; en tanto, las anaranjadas, fiesta y regocijo. Las amarillas suponen la risa o el placer; las azules, la fidelidad la confianza y la armonía; las rojas encarnan el romance, el enamoramiento, como el verde, la juventud y el equilibrio.

En nuestros tiempos, una flor también puede significar amistad, respeto hacia a quienes admiramos o simplemente un adorno propicio para engalanar el hogar, las áreas de trabajo o los salones para festejos.

El tema de las flores es tan amplio como el jardín que puebla nuestro planeta, del mismo modo que sus significados, con disímiles interpretaciones de generación en generación. Mas, ante la imposibilidad de agrupar su simbolismo en tan pequeño espacio, me conformo con no olvidar una que prefiero y que caracteriza a las personas amantes de la vida: la Amapola.

Los
sentimientos viajan en las flores, pero también de las flores viene la vida; de ellas nacen las semillas y de éstas los frutos que alimentan y curan a los seres que después prolongarán las especies.

Entonces, pues, infiero: pensar, cuidar las flores y hurgar en sus interioridades, es amar la existencia.

10/02/11
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