viernes, 28 de enero de 2011

“El espectáculo de la naturaleza inspira al hombre fe, amor y respeto”

Por Denis María Reyes
denismrg@enet.cu

En la historia hay muchos hombres prominentes, entre ellos el Apóstol de Cuba, José Martí y Pérez que se distinguió porque sus ojos vieron del mundo todo: su pasado, su presente, y aún más, su futuro… del mismo modo que avizoró qué era mejor para los actuales y los subsiguientes.

Martí escribió para los niños y los ancianos; habló a la mujer y al hombre, a los jóvenes; platicó sobre el amor, las artes, las ciencias, el deporte, la religión, la educación, la agricultura. Referente a todo lo que enlaza la vida y la naturaleza; y señaló los conflictos que dañan la existencia humana y el entorno.

Diría de la una y del otro: "las contradicciones no están en la naturaleza sino en los hombres que no saben descubrir sus analogías"

El Maestro –que sabemos que fue- explicaba que la naturaleza le dio “…a las aves, alas; a los peces, aletas…” y a los hombres que viven en ella, el conocimiento de ésta… sus alas, pues. Sólo que los primero supieron qué hacer con sus atributos a pesar de carecer de la razón, contrario a los humanos, que aunque, dominan la mente, actúan insensatamente contra su propio hábitat.

El insigne cubano -nacido el 28 de enero de 1853- aún desprovisto de los conocimientos científicos y técnicos de hoy, ya hablaba de los efectos que tendrían sobre la naturaleza, las torpezas de los hombres.

Como ‘profeta’ de la vida, sabía de las calamidades climáticas que resultarían por el maltrato y el agotamiento de los recursos del entorno, cuando subrayaba que "Comarca sin árboles, es pobre. Ciudad sin árboles es malsana. Terreno sin árboles, llama poca lluvia y da frutos violentos".

Al Apóstol de Cuba no le cabía en el pecho el amor que sentía por su Patria -murió a los 42 años defendiéndola-; e igual pasión profesaba por la naturaleza, la ‘madre de la vida’. Por eso pensó profusamente en cómo preservar nuestro planeta, el único habitado que conocemos.

En el lejano tiempo que le tocó vivir, con poco más de 20 años, indicó que la conquista de la felicidad sobre la tierra tenía que ser “…con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad”

José Martí, el hombre de pensamiento que trascendió a su tiempo, demostró en más de uno de sus textos su amor y predilección por el entorno.

Decía el Maestro de todo y de todos, que para la prosperidad de las tierras y la conservación de las riquezas era vital el mantenimiento de los bosques donde existen, mejorarlos donde han sido maltratados y crearlos donde no los hay.

Según sentenció el Apóstol, “la agricultura es la única fuente constante, cierta y enteramente pura de riquezas.” Y la vida se ha encargado de demostrar su teoría. Lo podemos advertir, sin más, con un mero análisis.

En Cuba, fieles al legado del Maestro José Martí, mediante Círculos de Interés se inculca a los niños el amor a la naturaleza. Se promueve el cuidado a los bosques, la tierra, los ríos, su flora, su fauna, al par que se organizan brigadas protectoras del medio ambiente y se estimula la siembra de árboles.  

Así que, de esta manera, los niños estudian el medio ambiente y a José Martí; y al hacer suyas sus enseñanzas temprano aprenden por la sabiduría del  emérito cubano que “quien abona bien su tierra, trabaja menos, tiene tierra para más tiempo y gana más..."

El Apóstol de Cuba en la centuria del XIX  previó que "… el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infalibles de la naturaleza".

El mundo sangra sin cesar -denunciaba- por los crímenes que se cometen contra la naturaleza. Entonces cuando eso ocurre, es necesario que nosotros también suframos la pérdida por el maltrato, porque si no, como sentenciara el Apóstol, “…seremos traidores” con nosotros mismos y con los que nos sucederán, si es que los presentes dejan vida y Planeta para el mañana.

Este hombre, Martí, con un pensamiento más allá de sus límites, aún sin el avanzado conocimiento científico de hoy, predijo que las la falta de armonía de los hombres con la naturaleza podrían desequilibrar al mundo.

“El espectáculo de la naturaleza inspira al hombre fe, amor y respeto”, apreciaba ¿Acaso no es así? Admire el mundo desde una de sus alturas… un montículo…vea en una hermosa mañana su naciente sol… la mar, los ríos… el jolgorio de los pajarillos… su clara luna… sabrá entonces de qué hablaba el Martí de Cuba, de América, del mundo, de todos los tiempos.

¿Amó la naturaleza José Martí? Y qué es la Patria, sino ésta.  

28/01/11
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