sábado, 22 de enero de 2011

¿De dónde si no…y cómo?

Por Denis María Reyes
El hombre lo inventa todo, cierto, pero alguna vez nos hemos preguntado de dónde sale esencialmente la materia prima conque trabaja ¿Acaso no es del propio entorno que le sostiene?

La tierra, el mundo en que vivimos, proporciona cuanto necesitamos. El hombre sólo transforma convenientemente las cosas, aunque a veces, más que para su beneficio, las convierte en el boomerang que finalmente estropeará su propia existencia.

Y no siempre se trata de mísiles o destructivas bombas atómicas; ni de los daños que causa a la biosfera cuando sin distinción tala sus bosques, contamina las aguas o envenena la estratosfera que finalmente descargará su mortífera carga sobre el planeta.

EL tema es mucho más sencillo: la alimentación; sin embargo, no por ello resulta menos importante que tener un medio ambiente sano, pues eso igualmente influye en la calidad de vida de los humanos.

El hombre en el afán de agradar al paladar o de enriquecerse, altera las propiedades de los alimentos que puede consumir de forma natural: cocina las frutas –por citar un ejemplo- les agrega azúcares y diversos productos creados artificialmente, sin darse cuenta que con estos procesos se priva de los excepcionales valores nutritivos de éstas.

Nada más reconstituyente que una apetitosa fruta en su estado natural ¿Por qué entonces someterlas a procesos que reducen sus valores dietéticos?

Ingenuamente con este procedimiento se cambia salud por placer. No es lo mismo una fruta edulcorada que natural. Perdería sus propiedades: vitaminas, hidratos, fósforo, hierro, silicio, cloro, yodo, manganeso, en fin, todas sus fabulosas condiciones nutritivas y curativas.

Sírvanos de muestra, la pera, o fruta del hombre -como también se le conoce- que en su forma natural, con algunos agregados en la misma forma, puede curar enfermedades de la próstata, de los riñones y del aparato circulatorio.

La aseveración es de algunos estudiosos del tema –frutoterapeutas- quienes además indican que este fruto tiene propiedades que ayudan a contrarrestar padecimientos del aparato reproductor y sexual masculino.

Como sucede con esta fruta en su estado natural, ocurre con las restantes comestibles y diseminadas en toda la faz del planeta. Cada una con particularidades que de una manera u otra benefician la salud del hombre.

No obstante, en modo alguno niego la utilidad de las inventivas del hombre, por demás, imprescindibles para algunos propósitos; sin embargo, para ascender, no es necesario quebrantar la salud, sino por el contrario, encontrar soluciones que potencien la calidad de los alimentos que se han de ingerir.

Obviamente sería muy placentero un apetitoso dulce de naranjas, cocos, guayabas, cerezas, ciruelas, piña, melón, o de cualquiera de las innumerables frutas que proporciona la naturaleza, pero más vale ‘comer salud que placer’.

Total, si en los albores de la vida nuestros predecesores sobrevivieron ‘al natural’ ¿De dónde si no se alimentaban; y cómo?

Quizás algunos amigos pongan en duda el vínculo que puede existir entre este tema y la línea de trabajo de Existencia y Planeta ¿Pero, acaso la prolongación de su vida no depende asimismo de un apropiado régimen alimentario?
22/01/11
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