jueves, 16 de diciembre de 2010

Al ritmo de hoy ¿quedará algo para el mañana?

Por Denis María Reyes.

Mucho se habla de lo que se ha de hacer para defender al mundo y sus especies, entre ella la humana, hoy la mayor depredadora del medio ambiente; mas al ritmo destructivo de hoy, ¿quedará algo para el mañana?, cuando ya calculan algunos investigadores que en la actualidad 350 mil personas pierden la vida por causas relacionadas con el cambio climático.

No han faltado proyectos, compromisos, acuerdos -aunque insuficientes- entre políticos, gobiernos e instituciones por la salvación de la Tierra, la Pacha Mama, que todos han de adorar, no como una deidad, tal y como la idealizaban algunos grupos aborígenes de América, sino como el sostén de la vida.

Pero hasta hoy ¿serán los convenios promisorios?

Y es que muchas intenciones son llevadas y traídas de uno a otro Diálogo, Conferencia, pero pocas veces se arriba a pactos alentadores, acogidos por absoluta mayoría.

Contrariamente a lo que debiese ser los países, económicamente más poderosos, quieren envolver a los más pobres con la reducción de gases contaminantes y la sustitución de tecnologías, entre otras ideas para frenar el deterioro de la naturaleza.

Y no es en esencia negativo, pero, ellos, los ricos, ante los ojos del mundo, se comprometen, nada más y nada menos, que dejando caer migajas de lo que les sobra: dinero. Rompan sus fábricas -insinúan- cambien las tecnologías, que nosotros les ayudamos a pagar, pero las nuestras quedarán inalterables, imagino que pensarán.

Por su propio bien, desde 1972, en la Conferencia de Naciones Unidas en Estocolmo, los hombres, a nivel mundial, comenzaron a intuir la necesidad de controlar los fenómenos causantes del deterioro de los bosques, los suelos, la atmósfera, los ríos, los océanos, la biosfera.
Pasados 11 años -1983- se constituyó la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo, con programas dirigidos a detener el maltrato al Planeta. En 1992 se celebró la Cumbre para la Tierra en Río de Janeiro, donde comenzarían las negociaciones para proteger el Medio Ambiente con un desarrollo sostenible.

Sin resultados aún prometedores, continuaba el desvelo por lograr un mundo sensato y equilibrado para las generaciones presentes y futuras. Con estas aspiraciones se pretendía, al menos, aunar las fuerzas en un objetivo único: proteger el patrimonio de los presentes, pero también de las futuras generaciones.

Un programa de acción mundial para un Desarrollo Sostenible iniciaba. Con éste, se pretendía implicar a todos en la justa lucha por proteger al planeta en cada uno de los frentes, mas ¿qué ha pasado desde entonces hasta la fecha?

La batalla en defensa de la Madre Tierra y su medio ambiente, su clima, ha seguido el curso en diferentes escenarios: en Kyoto, en Copenhague, en Cancún, en disímiles escenarios, pero aún se carece de acuerdos absolutamente justicieros para atajar los daños causados a la naturaleza y a los propios humanos que se sirven de ella.

Vaticino no obstante, que las personas de buena voluntad no cejarán en el empeño de preservar al mundo y todo lo que le concierne, pero inquieta saber que transcurridos casi 40 años del inicio de un proyecto común en ese empeño, la cosecha aún sea tan exigua.

En la Cumbre de Copenhague en el 2009, con respecto a la expectativa mundial, todo fue un fracaso. Los más ricos presionaron para que las medidas por un Progreso Sostenible recayeran principalmente en los países en vías de desarrollo y más pobres –como recientemente en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en Cancún- y éstos, con sobradas razones, defendieron exactamente lo contrario.

En Cancún hubo una nueva cruzada por la prolongación de la existencia y el planeta; pero como en Copenhague, perdimos la contienda. Ojala que en la 17 Conferencia por el Cambio Climático en Durban, Sudáfrica, triunfe la sensatez de los hombres, mas en tanto, los poderosos entran en razón, los amantes de la vida, proyectémonos por el uso racional de los recursos a nuestro alcance, por ese Mundo sostenible que tanto deseamos.

Como va el mundo, no es necesario ni de profetas, ni de científicos para presagiar un vivir desastroso, de calamidades, como las dejadas por el Diluvio Universal; aquél suceso meteorológico –no dudo que fuera sólo eso- que tan enormes daños causó a una gran parte de la humanidad.

Hecho de ficción, leyenda o realidad; posible o imposible –según calculan algunos científicos- lo cierto es que si el hombre no toma conciencia de su andar ambicioso y egoísta por este paraíso terrenal, el mundo perecerá de de ese o de otro modo; mañana, el año siguiente, o un poco más allá. Eso dependerá del maltrato, las guerras convencionales o nucleares; o de que los humanos finalmente se vuelvan inteligentes y comiencen a trabajar para evitar su autodestrucción.

No querremos que la Tierra, por volverse “vieja y Sucia”, como presumían los Bataks de Sumatra –tal y como recoge la historia y según su cavilar- sea destruida por el Creador, al que ellos llaman Debata. 

Señores insensatos, es que tal vez ahora –infiero- nos perdamos sempiternamente: ahogados, quemados, congelados o asfixiados; por la contaminación de los océanos, ríos, la atmósfera… o aniquilados por los residuos tóxicos industriales, o por invisibles rayos ultravioletas que encontrarán ‘abiertas las fronteras que aún resguardan la vida’.

16/12/10
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