martes, 2 de noviembre de 2010

El mar: cuna y sustento de la vida

Por Denis María Reyes
denismrg@enet.cu

Pensando en grande, tanto cómo lo es él, habría que decir que el océano, cuna de la vida y sustento sempiterno de los habitantes del planeta; fuente de energía y calor, ha de permanecer lozano para eternizar su rol en el equilibrio planetario.

Para nadie es desconocido que los mares del mundo han sido escenario de experimentos que dañan sus aguas, de la misma manera que compañías negligentes, explotan sus recursos sin la seguridad requerida. Es en esa certeza, que los protectores del medio ambiente se esfuerzan en puntualizar convenios a favor de la naturaleza y sus especies, a pesar de los obstáculos de quienes defienden sólo lo que les concierne.

Del mar venimos, de él nos alimentamos, es fuente de trabajo, por él nos movemos y dentro de él experimentamos placer, sosiego, tanto, que son pocos los humanos que no sienten el goce al contacto con sus cálidas aguas.

Mas no por eso lo cuidamos, ni mucho menos nos percatamos del daño que provocamos cuando lanzamos al mar desechos sólidos o líquidos; químicos contaminantes, con perjuicio para el medio y que de hecho rebotarán contra nosotros mismos.

Quizás a algunos se les ocurra que estos hechos son de exigua importancia, sin embargo, sume los millones de personas que a diario tiran sus inmundicias a los océanos y comprenderá que los ejemplos no son nada despreciables, incluidos los desechos de industrias y embarcaciones de todo tipo.

Existen daños que dependen de una voluntad política de países, gobiernos y grandes empresas; pero otras, no. En tanto ellos resuelven sus contradicciones, individualmente ayudemos nuestros mares con un accionar sensato.

La flora y fauna marina peligran, de la misma manera que el disfrute sano en el gran “lago de las familias del mundo” que en tiempos remotos fue ‘la cuna de la vida’ y la sabia que alimentó a los primeros seres que tras millones y millones de años, poblaron el planeta.

Esa mar, ‘carcelera’ de chalupas o buques, de tesoros e Islas y pueblos que un día las furiosas aguas arrastraron hasta sus enigmáticos fondos, ha de seguir viva para que la vida continúe. De ello somos responsables los humanos de hoy.

25/10/10
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