domingo, 17 de octubre de 2010

“Me saltó la piedra”

Por Denis María Reyes
denismrg@enet.cu


En mi andar e indagar sobre el por qué y la utilidad de las cosas conque a diario chocamos sin concederle la más mínima importancia, de pronto, “me quedé de piedra”  cuando, abstraída del entorno que me rodeaba, choqué con una roca que me sacó ‘del paso’, y…ufff –murmuré- ¡¿Quién habrá puesto esta piedra en mi camino?!

Pero ‘ni corta ni perezosa’ inquirí, además de propinar demoledores golpes ¿para qué sirven las piedras?

Es así que en ese discurrir llegué a la verdadera utilidad de este compacto elemento de la tierra, tan importante, como las aguas y los gases que le rodean. 

Las rocas, como mejor se le ha de llamar a estos elementos, están desde que el mundo se acomodó para darle vida, sustento y casa al hombre. Ellas llegaron primero y no podemos disputarle su lugar, que tan importante es, dondequiera que sea que le haya tocado. Cuando más, servirnos de ellas, claro, sin llegar a desaparecerlas, porque lo contrario podría sacarnos un susto ‘de marca mayor’.

La parte sólida del planeta, o litosfera, está formada por los minerales y las rocas; los primeros integrando a las últimas. Así, muy apretados, formando lo que viene a ser la primera capa del globo terráqueo, esa que rasgamos sin pensar, que excavamos, que despojamos de ‘sus ropas’ más preciadas, sin apenas darle tiempo a reponerse de los maltratos que le propinamos. 
Me pregunto, qué pasará si seguimos arrasando con estos elementos que son tan vitales como las aguas y el aire.
Quizás quienes explotan los recursos de la litosfera no se hayan detenido ni un instante a pensar si dañan o no ‘su casa grande’. Ni los dueños que exprimen los yacimientos de oro, plata, u otros; ni el desventurado que va allí a ganarse el sustento, con peligrosos riesgos, como ocurriera con los 33 chilenos atrapados recientemente en las profundidades de la mina San José de ese país.
 
Lo mismo habría que decir de los mandantes y de los peones de las guerras. Dejan la ‘piel de la tierra’ como una chimenea gigante que expele la contaminante carga hacia la atmósfera, de por sí ya enrarecida con los bazofias de las industrias químicas y los humos de las fábricas que pueblan el planeta.

Las rocas con sus minerales, forman la parte sólida de la corteza terrestre, pero más que eso son parte del ‘esqueleto’ y la masa de este cuerpo celeste que aún sostiene a los seres que le habitamos y que, muy a pesar de algunos, comienzan a tomar conciencia del abismo que se les encima de seguir desoyendo el SOS del planeta y de sus hijos más sensatos.

De minerales y rocas, queda mucho por decir: de sus variedades por la formación, el lugar que ocupan, sus colores, sus formas, su textura, pero eso -las enseñanzas académicas- se las dejo a los doctos en la materia. Mi rol no va más allá de despertar el interés por el cuidado de la naturaleza y todo lo que le concierne.

Por esas y muchas otras razones es mejor volver a ‘quedarse de piedra’ como reza en el refranero popular, o ‘volver a chocar con la misma piedra’, pero, por favor, que no desaparezcan nunca, porque si no ¿dónde posaríamos nuestros pies con la seguridad que aún hoy tenemos?

16/10/10
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