lunes, 4 de junio de 2012

Tu Medio, igual, es el mío, entonces, la defensa unida, vale

Lo que tenga que ver con nuestro medio y la vida, venga de donde venga, debe concernirle a todos, por eso, tuyo o de otros, amiga colega, sé que no te parecerá mal que irradie tu obra en defensa de la naturaleza; por el bien de la gente de hoy y de la que ineludiblemente continuará –digo- si la del presente, le da esa oportunidad. He ahí mi interés por exaltarla.

Naturaleza con derechos

Mientras unos buscan la manera de convivir armónicamente con el medio ambiente, otros no pierden la oportunidad de saquearlo

Por Karina Durant / 03-06-2012 / 18:29

La tala ilegal de árboles es uno de los desmanes que más afecta a la   Sierra del Rosario, reconocida internacionalmente como reserva de la biosfera desde 1985 por sus valores naturales e histórico-culturales. No todos los que llegan al área protegida —una de las 253 declaradas en el país— tienen la intención de   contemplar o resguardar la flora y la fauna; hay un buen porcentaje de contraventores cuyo principal objetivo es comercializar el patrimonio.
   
Durante el mes de mayo el Cuerpo de Guardabosques ocupó en la zona más de 15 metros cúbicos (equivalentes a 87 bolos) de madera preciosa cortada para llevar. Según el jefe del Circuito de Protección de Montaña Sierra del Rosario, Jorge   Alonso Lugo: “Son hechos que atentan contra nuestro entorno, y la mayoría de los infractores son reincidentes, pues las multas que podemos aplicar aún son muy flojas”.   

Opinión similar tiene Fidel Hernández Figueroa, director de la reserva y de la estación ecológica ubicada en el lugar: “Las acciones contra el medio ambiente tienen una respuesta legal bastante débil. Resulta necesario revisar y reforzar la legislación para prevenir el impacto negativo del hombre sobre los recursos naturales, especialmente sobre la madera. Es un grave problema que enfrentamos los manejadores del área, y creo que es una situación extendida a casi todo el   país”.   

Montañas sagradas
  
La Sierra del Rosario fue la primera reserva de biosfera declarada en Cuba, y es la más pequeña de las seis existentes. Pertenece a la provincia de Artemisa, y tiene una extensión  superficial de 25 mil hectáreas. Al referirse a las riquezas que allí le rodean, Hernández Figueroa cita 889 organismos vegetales conocidos hasta la   fecha, aunque él tiene la certeza de que “todavía nos faltan estudios o inventarios más profundos sobre especies de la flora. 
 
“En cuanto a la fauna —explica— las aves son el grupo más indagado; de las 131 que recorren estas montañas, 14 representan el 50 % de las endémicas del país”.   
Además, según refiere este  experto en temas ambientales, viven en la zona una de las ranas más pequeñas del mundo y 32 especies de reptiles, entre ellos un lagarto de río, con hábitos acuáticos. 

Son valores que singularizan por tanto la Sierra del Rosario, así como otras reservas de biosfera e importantes entornos del territorio nacional —incluida la plataforma insular marina—, requieren un tratamiento cuidadoso, un   manejo integral, rectorado por el Centro Nacional de Áreas Protegidas (CNAP).
   
Amnerys González Rosell, especialista coordinadora del grupo técnico de esa   institución, subraya que están establecidas ocho categorías de manejo, que se homologan con las de la Unión Internacional para la Conservación de la   Naturaleza (UICN). Hay unas más estrictas que otras, que admiten mayor o menor intervención humana.
  
El objetivo es conservar, resguardar los recursos. “Las áreas protegidas no se pueden explotar —precisa Amnerys—. Son espacios en los que se elabora  un plan de manejo, con programas de vigilancia, educación  ambiental, atención de la flora y la fauna… Las actividades socioeconómicas que allí se realicen deben estar reguladas”. 
 
Al decir de González   Rosell, hay lugares que solo   admiten estudios científicos,   cuyos resultados sirven, entre   otras cosas, para desarrollar   un manejo activo cuando es   necesario recuperar poblaciones   de especies muy amenazadas   y ecosistemas. 
 
En el país quedan pocos lugares vírgenes o casi vírgenes, con bosques que   prácticamente no se han tocado. “La reserva de biosfera —subraya Hernández Figueroa— se homologa, según la UICN, con la categoría de área protegida de recursos manejados.   

“Aquí hay zonas núcleos  que son intangibles por sus valores naturales y su alto   porcentaje de endemismo, en las que solo es permitida la investigación. Hay una franja que las rodea, donde se pueden realizar actividades pero de una manera sostenible. Y hay un espacio externo, en el que se actúa de forma un poco más intensa, pero siempre controladamente”.
  
¿Caminar sobre las leyes? 
 
“La tala indiscriminada de árboles no es el único problema que enfrentamos —informa Hernández Figueroa—; hay caza ilegal y sustracción de materiales   (arena, cantería), luego usados en la construcción. También hay quienes ilícitamente extraen productos naturales (orquídeas, curujeyes), para venderlos posteriormente en la ciudad; a pesar de que a estos se les indican los lugares donde deben actuar, ellos se internan en espacios restrictivos”. 
 
Por supuesto, no son tales individuos los únicos que atentan contra la diversidad   biológica en Cuba. Al respecto, José Alberto Álvarez Lemus, especialista del Centro de Inspección y Control Ambiental (CICA), comenta que está prohibida la captura en el medio silvestre de aves como el negrito y el tomeguín, sin embargo,   la gente no respeta las leyes.
   
“Destruyen los nidos —resalta Álvarez Lemus—. Los que compran cotorras, para usarlas como mascotas, no saben que posiblemente los hermanos de ese ejemplar murieron”. 

El carey, la cigua, el cocodrilo y las polymitas igualmente son víctimas de la   sobreexplotación. La Resolución 160, de especies significativas, recientemente   puesta en vigor, es y será una vía para frenar la comercialización de valores del medio ambiente, presentes tanto en áreas protegidas, como en otros espacios cubanos.   

Afortunadamente, a pesar   de los desmanes, la conservación del patrimonio natural, y cultural, tiene defensores. La estación ecológica de la reserva cuenta con 25 trabajadores encargados de la gestión, el manejo y la investigación. 
 
Uno de los proyectos que hoy implementan es el de la preservación de la agrobiodiversidad, pues, como señala Yolanda González Pérez, una de las especialistas ambientales del colectivo, mucho se habla de la diversidad salvaje y poco de la agrícola.
  
“Tenemos identificados los cultivos del frijol caballero y el común, del ají y el   maíz”, afirma.
   
Igualmente, Daymara Cordero Acosta encamina en la localidad la mejora de   la prevención y control de especies exóticas invasoras en ecosistemas vulnerables.   Especial interés tiene en la pomarrosa, que se dispersa rápidamente y obstaculiza el crecimiento de otras plantas. 

Ecologistas que persisten
   
En otros países —según la especialista coordinadora del grupo técnico del CNAP— la presencia de poblaciones en las áreas protegidas es bastante fuerte. En Cuba, sin embargo, esa cifra no es significativa; son fundamentalmente zonas   inhabitadas, aunque algunas tienen pequeños asentamientos, tanto en su interior como en su periferia. 
 
Ubicada en la propia Sierra del Rosario, la comunidad Las Terrazas tuvo un origen   ecológico. Así lo refiere Margarito Balbosa Martínez, un hombre de noventa años llamado cariñosamente “alcalde del pueblo”, quien recuerda cómo los campesinos, que practicaban una agricultura de subsistencia en aquel entonces, empezaron a trabajar en la actividad forestal. 
 
La siembra de alrededor de 7 millones de árboles, en mil 500 kilómetros de terrazas de plataforma constante a partir del año 1968, dio nombre a la comunidad. “Precisamente por estar devastadas las montañas —explica   Alejandrina Naite Cabeza, directora de Servicios Turísticos comunitarios del   complejo—, los pobladores tuvieron como principal misión la reforestación”.
   
Buena parte de los habitantes, dedicados hoy fundamentalmente al turismo ecológico, devuelven el verdor al entorno, y aprecian sus bondades. Los niños saben lo que significa una planta.
  
Con paciencia escuchan a Analia Piña, directora del Ecomuseo, cuando habla de   los valores histórico-culturales y naturales de la reserva: Aranjuez, campamento   mambí que funcionó hasta finales de la guerra del 98; ruinas de cafetales y asentamientos de colonos franceses, que llegaron a Cuba luego de huir de la revolución haitiana; los Baños de San Juan; la cascada del río San Claudio; el corredor de aves; la plantación en terrazas… 
 
La comunidad, con todas las condiciones creadas (servicios médicos, tiendas,   círculos infantiles, escuelas,  etcétera) en medio de las montañas, acoge a personas orgullosas de su historia.   

“Generalmente —destaca  Alejandrina— la escuela es la que hace una labor más   profunda de educación ambiental con los niños, hacia la familia; también hay círculos de interés y festivales para mantener tradiciones culinarias”.
  
Levantarse cada mañana y “ver lomas y pájaros”, respirar  la brisa fría del campo   es un privilegio que solo se preserva con cuidado. ¿Por qué unos van a cortar lo que otros siembran? La naturaleza, y las acciones a su favor, merecen respeto.

El Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) representa  el 19,93 % del territorio nacional, que incluye la plataforma insular marina. De acuerdo con las categorías  de manejo se clasifican en: Reservas Naturales (5), Parques   Nacionales (15), Reservas Ecológicas (37), Elementos Naturales Destacados (43), Reservas Florísticas Manejadas (65), Refugios de Fauna (50), Paisajes Naturales Protegidos (17) y Áreas Protegidas de Recursos Manejados (21).   
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