domingo, 16 de octubre de 2016

Salvadoras luces en el horizonte



Por Denis María Reyes


Seguir hablando sobre la reducción de los agujeros de la capa de ozono continúa siendo una perentoria necesidad, pues –según estudios científicos- aunque la brecha se ha ido achicando, el peligro sigue ahí, ya que los daños que derivan de esta anomalía sobre la capa superior de la atmósfera, todavía es muy perjudicial para el hombre y su entorno.

Retomar la campaña para reducir los usos de los clorofluorocarbonos (CFC), gases causantes del debilitamiento de la ozonosfera, siempre aflora cada 16 de septiembre, Día Mundial de la lucha por la protección de la capa de Ozono, sin embargo la cruzada en defensa de la vida y contra la penetración en la tierra de los rayos ultravioletas, ha de ser permanente, razón que asiste para no descansar en la crucial batalla.

Durante los meses de septiembre y octubre, debido al clima sobre la Antártida, en esa zona, se produce un debilitamiento del ozono –explican expertos- dejando mayor libertad a los rayos solares para incidir sobre la tierra; pero, si el hombre, con el uso de sustancias químicas dañinas, quebranta las leyes naturales, indudablemente, el deterioro del ozónido será mayor.

De ahí la necesidad de que los políticos continúen el cumplimiento de los acuerdos del Protocolo de Montreal, firmado en 1987, donde se regula el uso de los CFC, pliego que se constituyó en un triunfo internacional, aunque, la verdadera conquista la tendremos cuando la sociedad humana comprenda el apremio por amparar, ante todo, el importante escudo que evita la penetración de las dañinos radiaciones, causantes de enfermedades tales, como el cáncer de piel, entre otras.

Resulta alentador que este fenómeno (el adelgazamiento de la capa de ozono) uno de los agravantes del cambio climático, se esté rehabilitando gracias a la disminución de los gases refrigerantes y los aerosoles que dañan la ozonósfera, pues según algunos científicos, la recuperación del gas azul podría ser antes de mediados del presente siglo, la fecha preliminar que habían estimado los propios versados en el tema.

De la misma manera, según reportes de algunas agencias, reconforta saber que  los acuerdos de París, sobre Cambio Climático, prontamente entrarán en vigor, pues ya se alcanzó la cifra de países y el por ciento (55) necesarios para su aplicación. Sancionados ya por las naciones previstas, el importante tratado comenzará a regir –publican- el 4 de noviembre próximo. 

¡Estupenda noticia!, pues han pasado casi 30 décadas desde que en pro del beneficio humano y del Planeta, comenzara la intención por regular el uso de los dañinos CFC, gases que alteran el clima; mas, aunque sea a la  altura de esta data, comienzan a verse algunas luces en el horizonte.

Los incontrolables desastres naturales son cada vez más feroces, de la misma manera que raras o antiquísimas enfermedades, ya cercanas al olvido, han recomenzado a azotar al hombre. Ante esto, pregunto ¿Estos sucesos tendrán que ver con la variabilidad de las condiciones actuales del planeta, de su clima, de los contaminantes que a diario lanzamos por decenas de toneladas al éter?

No caben dudas que, como la teoría del big bang, la gran explosión de la masa compacta de energía y materia, que dio origen al universo, o como los estallidos de las estrellas, debido a sucesos naturales, nuestra tierra cruja o desaparezca uno de estos días, pero no me cansaré de decirlo: NO AYUDEMOS A QUE ESO SUCEDA.

Cuando se desencadenen la furia del viento, las aguas y el fuego, no habrá ser en este Planeta capaz de dominarla, de la misma manera que no podremos con el descontrol de las alturas celestes. Vale pues, tomar las riendas a tiempo y evitar la aceleración de una hecatombe ya advertida tiempos atrás.

Entonces, utilicemos el capital en proteger “la casa de todos”, en vez de dilapidarlo en apoyar golpes de Estado blandos o “duros”, para mañosas elecciones, o para apuntalar guerras contra rebeldes de acullá, so pretexto de acabar con el terrorismo, cuando la realidad -lo saben todos- es que están cuidando sus propios intereses, como sucede ahora en Siria; y aún ocurre en otros países de esa región, donde las justificaciones de unos y otros son insostenibles.

Contrario a lo que dicen, la triste realidad es que por dondequiera que pasan o sobrevuelan con sus sofisticados armamentos, solamente dejan desolación y la peor de las alternativas para los sobrevivientes: el éxodo que los lleva a la orfandad nacional; y en el peor de los casos, igual, a la muerte. 

Visto el mundo de este modo, no queda más que, emplazar a los políticos para que den “una vuelta de hoja” y enderecen su mirada hacia los rumbos que verdaderamente salvarán a la humanidad.

Detener la Guerra y el Cambio Climático, es el clamor unánime. 

16/10/16
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