domingo, 11 de septiembre de 2016

Abrazó parejo el deber y el arte




Por Denis María Reyes

El arte nació con él, los oficios los adquirió por la necesidad de colaborar con la manutención de sus 11 hermanos; más para lo uno y lo otro, le bastaron apenas cursar 8 grados, no por falta de deseos de seguir ascendiendo, sino porque, obvio, no pudo escalar más alto.

Luego conocería a otros colegas de las luchas revolucionarias, al líder universitario, Fidel Castro Ruz, porque por esos lares anduvo trabajando: Fue a la Granjita Siboney, sitio donde se acuartelaron parte de los  que después integrarían el futuro Ejército Rebelde; de ahí al Moncada, al Presidio, al exilio, al desembarco del Granma, hasta finalmente, saborear el triunfo y entregarse en cuerpo y alma a la consolidación de las ideas por las que luchó.

Pero el Comandante de la Sierra y del llano abrazó parejo el deber patriótico y el arte que llevaba dentro desde que era muy joven, el que igualmente inmortalizaría a este hombre que dejó una impronta artística probada en unas 300 obras musicales y una docena de libros, donde narraría las vivencias captadas por su insomne pupila, entre ellas, “Contra el Agua y el Viento”, donde relata los hechos del destructor ciclón Flora de 1963; y con el que obtendría en 1985, el Premio Casa de las Américas. 

Quién no ha tarareado alguna vez la pegajosa melodía de una de sus más hermosas canciones, “La Lupe”, que con su letra nos traslada a México, al Yate Granma, al lomerío de la Sierra Maestra; con la que invita a recordarlo ¡Pero cómo no hacerlo! Quien no siente su presencia también con el cadencioso “Dame un traguito”, pegajoso son, presente en cada festejo cubano.

El 11 de septiembre de 2009, fue el día en que expiró su cuerpo, pero su intenso quehacer revolucionario y sus obras discográficas y literarias lo eternizaron. El comandante de la Revolución, Juan Almeida Bosque es de esos hombres, que nacen, crecen, pero no mueren. 

Fue grande no por sus riquezas materiales, pues un humilde periodista de la época, su padre, no podría proporcionárselas; y menos su madre que no pudo más que dedicar su vida a la crianza de la numerosa prole que trajo al mundo, entre ella al hombre, que por la huella dejada es hoy, y será siempre, motivo de orgullo del presente y de las futuras generaciones.

El Comandante de la Revolución, Juan Almeida Bosque, nacido el 17 de febrero de 1927, el Héroe de la República de Cuba, el compositor y escritor, desde siempre, abrazó el deber con la misma fuerza que el arte.

De ahí su dulce y eterna presencia.

11/9/16
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